Vaya veranito; con lo tranquilo que estaba yo en mi casa, con mis pelusas debajo de los muebles, mi ropa por planchar, mis clases particulares a Ángel —el vecino del segundo— y mi trabajito de los veranos en la academia «La Milagrosa», ahora va y se me cruza Amparo, una chavala de no mucho más de veinte, y me monta un follón de tres pares en la conciencia. Y yo, a mis treinta y pico, con el corazón a mil por culpa de una chica de la que podría ser el padre, o casi. Pero eso no es todo, qué va…
Málaga, Spain
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